La noche antes de la boda, el ambiente en la mansión de Marbella era de una expectación impresionante. Todos estaban emocionados y la felicidad se sentía en el aire. La madre de Alejandro se había retirado a coordinar los últimos detalles florales. Sarah y la madre de Sofía, estaban en la una habitación de huéspedes, ultimando los retoques del vestido, y Gabriel se había asegurado de que todo el equipo de vigilancia, estuviera alerta de cualquier persona extraña que se acercara al lugar.
Quería decir que, Alejandro y Sofía estaban solos.
La cena fue servida en la terraza del tercer piso. No era nada elegante, pero sí lo suficientemente romántico para los dos, con el único sonido del mar Mediterráneo rompiendo suavemente en la playa privada. El menú era sencillo, pero exquisito. El pescado fresco y el vino blanco que iba por cortesía de su mejor amiga, Sarah.
Sofía llevaba un vestido playero muy cómodo, se sentó frente a Alejandro para poder comer. La brisa marina jugaba con su cabello