La noche del martes, la ansiedad por la boda se transformó en una emoción burbujeante. Siguiendo las directrices de discreción y cero escándalos de parte de Sofía, Sarah había planeado una despedida de soltera que se sentía más como una pijamada sofisticada.
Cuando Sofía llegó al apartamento de Sarah después de un largo día de estar con su madre, encontró un ambiente que olía a lavanda y vainilla. La sala estaba decorada con velas sutiles, y en el centro de la mesa había una cena gourmet recién