Mientras Sofía y Sarah celebraban el éxito del vestido que habían elegido, Alejandro y Gabriel ya estaban en marcha, con todo lo que debían hacer. Las cosas con su madre ya las habían arreglado y no intervendría, más allá de lo que se le dijo.
El destino para la boda era la Costa del Sol, la zona más exclusiva de Marbella. Alejandro poseía allí una propiedad apartada y blindada para lo que fuera necesario. Una mansión costera que garantizaba la privacidad que necesitaban para la boda.
El martes