El temor y la culpa le cedieron el paso a la adrenalina. Sofía se quedó en su escritorio trabajando hasta que el Departamento de Cumplimiento se vació. Se negaba a mirar el reloj, porque tenía un presentimiento de que Gabriel podría querer llevarla a casa, así que se metió en el trabajo hasta que él ya se habría retirado. Su hermano confiaba en ella, así que no habría problemas. A las ocho con treinta, decidió irse del hotel.
Alejandro la estaba esperando en el aparcamiento del sótano. Sofía en