Alejandro no pudo dormir el resto de la madrugada. El amanecer lo encontró en su sofá, sin haber tocado la cama y con un cansancio asesino. El recuerdo de las palabras de Valentina no dejaron de repetirse en su mente y el desprecio con las que la escupía, lo hacía sentir peor.
—¡Destruyo a la mocosa esa y a Gabriel!
La Valentina que se había presentado la noche anterior no era la mujer dulce y amable que creía que ella era. Tenía un perfecto disfraz de oveja, pero era calculadora y peligrosa. D