Sofía se despertó con el corazón acelerado y extremadamente cansada porque no había dormido nada. Era como si un cronómetro invisible le recordara que el tiempo para su agonía había llegado. Después del encuentro del día anterior con su nuevo jefe, que se había transformado en un juicio personal, en el que Alejandro, era su verdugo y su juez, sabía que llevaba las de perder.
Se puso el traje sastre negro que había elegido ayer, pero hoy le añadió un toque de poder. Una camisa de seda en tono o