10. Magnate Noruego.
Las horas que siguieron fueron una vigilia sagrada. Sarah se había quedado dormida en un sillón cercano, agotada por el desgarro emocional, pero Lars no había cerrado los ojos ni un segundo. Seguía allí, con la mano de Marina atrapada entre las suyas, sintiendo cómo el calor abrasador de la fiebre se transformaba gradualmente en un calor humano, natural y saludable.
El sol del norte empezó a filtrarse por la ventana de la clínica, bañando la habitación con una luz dorada y fría. Lars observó el