40- La Rendención del Deseo.
El eco del portazo en la Torre A aún vibraba en las paredes de mármol. Gabriel se quedó de pie en medio de la sala, con los brazos cruzados. Se sentía como si acabara de ganar una batalla legal agotadora. Tenía su espacio, tenía su silencio y tenía el control. Sin embargo, no había triunfo en su pecho, solo una presión sorda.
Se sentó de nuevo en su escritorio. Intentó leer el contrato frente a él, pero las cláusulas se mezclaban con la imagen de Sarah acariciando su vientre de cinco meses antes de irse.
—Es el estrés —se dijo a sí mismo, aflojándose la corbata—. El dolor en el pecho es solo el remanente de la terapia.
No quería admitir que ese dolor y esa dificultad para respirar aparecían siempre que Sarah estaba a menos de un metro de él. Su cerebro le decía que era odio y que era rechazo, pero su cuerpo... su cuerpo estaba reaccionando a la mujer que alguna vez fue su mundo entero.
No sabía ni que pasaba en ese momento.
En la Torre B, Sarah terminó de desempacar la última caja en