40- La Rendención del Deseo.
El eco del portazo en la Torre A aún vibraba en las paredes de mármol. Gabriel se quedó de pie en medio de la sala, con los brazos cruzados. Se sentía como si acabara de ganar una batalla legal agotadora. Tenía su espacio, tenía su silencio y tenía el control. Sin embargo, no había triunfo en su pecho, solo una presión sorda.
Se sentó de nuevo en su escritorio. Intentó leer el contrato frente a él, pero las cláusulas se mezclaban con la imagen de Sarah acariciando su vientre de cinco meses ante