41- La Rendención del Deseo.
Gabriel estaba de pie en la cocina de la Torre A. El silencio, que antes le parecía algo encantador para su vida, ahora se sentía como una condena. Miró la nevera, estaba llena de comida orgánica y jugos verdes que sus asistentes compraban, pero nada le abría el apetito.
De pronto, un aroma imaginario cruzó por su mente y le hizo agua la boca. Cilantro, lima y chile. Recordó a Sarah en la sala de juntas mencionando comida mexicana. No fue un recuerdo visual, fue una necesidad física. Su cuerpo recordaba que, cuando ella tenía hambre, él siempre sabía qué pedir.
Él tenía muchos antojos y se sentía mal algunas veces, pero siempre pensó que era producto de su perdida de memoria.
Sin darle muchas vueltas al asunto, llamó a Alejandro.
—¿Dónde compraba Sarah esos tacos de los que siempre hablaba? Los que tienen esa salsa que pica demasiado —preguntó Gabriel, tratando de sonar casual, sin darse cuenta, de qué había recordado algo.
Alejandro soltó una carcajada al otro lado del teléfono. Esta