39- La Rendención del Deseo.
—Lo sé, Gabriel —respondió ella, con la voz quebrada pero firme—. Me odias porque ese es el único rastro de pasión que tu cerebro ha logrado rescatar de los escombros. Pero el odio no es lo opuesto al amor; la indiferencia lo es. Y tú, claramente, no eres indiferente a mí.
Gabriel retiró su mano bruscamente, como si el contacto le quemara. Se sentía traicionado por su propio cuerpo, que a pesar de la rabia, seguía buscando la cercanía de esa mujer.
—Me pides que crea en una historia de redenció