12- La Rendición del Deseo.
El resto del día transcurrió en una vorágine de trabajo y tensión sexual. Sarah y Gabriel mantuvieron su pacto implícito. Profesionalismo absoluto en la sala de juntas, o en la mesa de la cocina, y total abandono en la cama. Era un equilibrio insostenible, pero funcionaba, impulsando el Proyecto Centinela a una velocidad vertiginosa.
El sol de la tarde se filtraba por las cortinas cuando el celular de Sarah vibró. Era un número desconocido.
—Dime.
—¡Sarah! Soy yo, Lucas. Escúchame, no puedo hablar mucho, estoy usando un teléfono que no es mío. Necesitas tener cuidado.
La voz de Alejandro sonaba tensa, casi nerviosa. Sarah se levantó de la silla, alejándose de Gabriel, que levantó la mirada de su iPad al escuchar la urgencia en su tono.
—¿Qué pasa, Lucas? Estoy en medio de una auditoría.
—Gabriel. Es Gabriel. Escuché algo en Madrid... Hay rumores muy fuertes. Alguien está filtrando información sobre la reestructuración y la forma en que él te ha traído a la Riviera. Pero no es solo eso