13- La Rendición del Deseo.
A la mañana siguiente, el ambiente en el bungalow era de extrema profesionalidad, aunque la tensión sexual seguía siendo a flor de piel. El descubrimiento del informe de Dubái había creado una alianza fría, a una necesidad mutua de supervivencia que superaba el deseo.
Mientras Gabriel preparaba los documentos de la reunión, Sarah se vestía. Eligió un vestido de seda en un tono terracota vibrante, con sandalias de tacón y gafas de sol grandes, dignas de una turista de alto nivel, pero con una cartera de trabajo en mano.
—¿Estás lista para tu debut actoral? —preguntó Gabriel, con una sonrisa tensa.
—Ya hice una mentira en Madrid con Sofía. Interpretar a tu amante no puede ser más difícil —replicó Sarah, acercándose a la mesa.
—Reglas. Contacto físico natural y posesivo. Él tiene que creer que tú eres mi distracción, no mi guardiana.
—Lo entiendo. La gente subestima a la mujer que está enamorada. Le baja la guardia.
—Exacto. Yo soy un hombre que toma decisiones de riesgo por amor y n