11- La Rendición del Deseo.
Sarah despertó sola en la cama. El lado de Gabriel estaba vacío y frío, pero el olor a su piel, a sexo y a colonia, persistía en las sábanas revueltas. El amanecer se había filtrado por los ventanales, pintando el bungalow de un color melancólico.
Se sentó en el colchón, sintiendo el dolor dulce de los músculos cansados, y la pesada certeza de que había perdido. Había caído en el juego de Gabriel y la caída había sido total. No había sido un error, como intentó hacerlo parecer, había sido una necesidad, tan cruda y esencial como respirar. Se había rendido al hombre que la había evitado para proteger su carrera y él, a su nueva familia.
Se puso la bata de seda. Lo encontró en la sala, ya vestido con ropa de trabajo ligera y revisando documentos en su iPad, con la compostura fría del CEO que no permite distracciones.
—Tenemos una videollamada de seguimiento en una hora —dijo Gabriel, sin levantar la vista. Su voz era neutra y profesional, actuando como si la noche hubiese sido un sueño