Los días fueron pasando, arrastrados, hasta que esos días se convirtieron en un mes más y luego en otro mes.
La rutina seguía inalterada, como si el año fuera solo una repetición monótona de una vieja película, pero en aquella historia parecía que el final no sería feliz.
En uno de los raros almuerzos en la mansión de los Walker, Elizabeth notó que Oliver ya no tenía el mismo brillo en los ojos. Estaba callado, la mirada perdida en pensamientos distantes, como si estuviera renunciando a algo imp