Elizabeth
El día transcurrió lentamente, esta vez sin exámenes, solo medicación. El tobillo seguía doliendo y su cabeza poco a poco iba perdendo la sensación de adormecimiento.
Justo después de la cena, Elizabeth volvió a oír los pasos firmes y rítmicos de la noche anterior.
Alice había salido para llevar la bandeja y Elizabeth estaba sola.
En cuanto él abrió la puerta, el corazón de Elizabeth dio un salto. John entró con calma y se acercó a la cama con pasos lentos.
— ¿Cómo estás? — preguntó co