Elizabeth
El día transcurrió lentamente, esta vez sin exámenes, solo medicación. El tobillo seguía doliendo y su cabeza poco a poco iba perdendo la sensación de adormecimiento.
Justo después de la cena, Elizabeth volvió a oír los pasos firmes y rítmicos de la noche anterior.
Alice había salido para llevar la bandeja y Elizabeth estaba sola.
En cuanto él abrió la puerta, el corazón de Elizabeth dio un salto. John entró con calma y se acercó a la cama con pasos lentos.
— ¿Cómo estás? — preguntó con el mismo tono de voz bajo y ronco.
— Mejor — respondió ella, desviando la mirada hacia las manos apoyadas sobre la sábana. — Adam dijo que quizá me den el alta mañana.
John asintió, apretando la mandíbula como si meditara algo antes de hablar.
— Perfecto. Voy a encargarme de todo para mañana. — fue lo único que dijo.
Silencio.
Él dio un paso hacia atrás, ajustando la manga del saco, y dijo con un tono neutro:
— No podré quedarme hoy. Descansa. Mañana temprano vendré a buscarte.
Se giró para sa