Pero John vio y eso solo aumentó la tensión en él. Agarró el cabello de Elizabeth, obligándola a mirarlo. Ella gemía de dolor y mantenía los ojos cerrados.
—Mírame. —ordenó, con la voz ronca, tensa— Quiero ver si me deseas... tanto como yo te deseo ahora.
Pero Elizabeth resistió. El pánico crecía. Nunca había estado tan cerca de un hombre... mucho menos de John.
La tensión explotó cuando John, dominado por su propio deseo descontrolado, sostuvo sus muñecas y la acostó sobre la cama, dominá