Elizabeth
Elizabeth intentaba asimilar lo que acababa de pasar, con las manos temblorosas, sujetando el vestido desabrochado. Su pecho jadeaba, su corazón latía tan rápido que le dolía.
Al llegar a su pequeña habitación, se dio cuenta de que estaba llorando. Lágrimas cálidas y silenciosas caían en un flujo desordenado.
Apretó los ojos con fuerza, tratando de alejar el recuerdo de John sobre ella, su mano firme sujetándola, recorriendo su cuerpo, sus ojos ardientes de deseo y... de algo más. Algo que la asustaba y, de una manera extraña, también la encendía.
Su cuerpo aún temblaba. Sus manos... su respiración... el calor... Era como si él aún estuviera allí, impregnado en ella. Su olor, su presencia... todo parecía haber marcado su piel.
«¿Qué me está pasando...?» susurró para sí misma.
Se miró en el espejo de la pared, sus ojos tenían un brillo diferente, febril. El cabello revuelto, el escote al descubierto por los botones desabrochados, su piel clara enrojecida recordándole el tacto