A la mañana siguiente, Ryan decidió recorrer la ciudad en busca de testigos vivos del pasado. El nombre «Elena Walson» aún resonaba fresco en su mente.
Comenzó en la plaza central, donde había conocido a algunos ancianos el día anterior. Encontró a la señora Heloísa, una anciana de cabello muy blanco, que vendía bordados en un pequeño puesto improvisado.
—Disculpe la molestia —dijo él, en tono cordial—. Estoy investigando sobre una joven que vivió aquí hace algunos años... se llamaba Elena Waso