Residencia de los Walker
La mañana comenzó con risas cristalinas. Mary y los gemelos, Luke y Luize, corrían por la casa en un verdadero alboroto, persiguiendo a Emily, que balbuceaba palabras inconexas mientras se equilibraba con sus pasos aún vacilantes. Elizabeth, con una sonrisa serena pero atenta, observaba de cerca junto a las niñeras. Anthony apareció poco después, impecable con su uniforme, con la misma postura seria que le recordaba a su padre.
Era el ajetreo matutino, la rutina de todos los días, pero que llenaba la mansión de vida. Después de que los niños se fueran al colegio y John saliera al trabajo, Elizabeth también se preparaba para su visita semanal al restaurante de las montañas, un hábito que mantenía para supervisar de cerca el negocio.
Fue en ese momento cuando Lily se acercó. El tono de su voz parecía casi infantil, dócil, cargado de una melancolía ensayada.
—¿Señora Walker?
Elizabeth se dio la vuelta, ajustándose un delicado collar en el cuello.
—Sí, Lily. ¿Ha p