Las copas tintinearon en un brindis colectivo, el cristal reflejando la luz dorada de los candelabros. El ambiente alrededor de la mesa parecía, a primera vista, haberse calmado. Las risas ligeras se mezclaban con el elegante murmullo del salón, y por un instante Elizabeth creyó que la noche podría transcurrir en paz.
Después del plato principal, se invitó a los invitados a pasear por los salones laterales de la mansión. Algunos se dirigieron a la sala de música, otros prefirieron los sofás rep