John pospuso su regreso al trabajo todo lo que pudo. Llevó a Elizabeth a una playa aislada, en una ensenada de aguas cristalinas y cálidas, donde había comprado una casa frente al mar. El sonido de las olas, el olor a mar y el calor del sol componían el escenario perfecto para la luna de miel que nunca habían tenido.
Pasaban los días navegando en yate, buceando juntos o simplemente relajándose bajo una carpa montada en la arena blanca, donde un camarero y un chef estaban a su disposición exclus