Al llegar al hotel, John y Bruce se dirigieron directamente a la sala que utilizaban como oficina. Bruce encendió el ordenador portátil y, pocos minutos después, la información comenzó a llegar. El sonido de las teclas al ser pulsadas parecía resonar más fuerte de lo normal.
John permaneció de pie, impaciente, caminando de un lado a otro con los puños cerrados. La imagen de Elizabeth sonriendo a otro hombre lo desconcertó de tal manera que no podía controlar la respiración y le dolía el corazón