el periódico y había seguido toda la conversación.
—Tu hijo es imposible —dijo Martha, con la voz quebrada por la ira—. Se ha ido de viaje sin avisarme. Ni siquiera su secretaria sabe adónde ha ido. ¡Imagínate, Roger!
—Quizá haya ido a reunirse con su mujer —dijo Roger con calma, doblando el periódico. —¿No está ella de viaje?
Martha se detuvo un instante, pensativa. Eso tenía sentido, y la simple posibilidad la inquietaba aún más. Se levantó y comenzó a caminar de un lado a otro de la íntima s