— Señor Taylor. Este es un hotel precioso. Imagino que le tiene mucho cariño —dijo el hombre con voz pausada y fría.
A Steve no le gustó el tono, pero mantuvo la compostura y la cortesía.
— Sí, señor. Este hotel pertenece a mi familia desde hace muchos años.
— ¿Y tiene intención de seguir siendo el propietario? —La pregunta sonaba amenazante.
Steve frunció el ceño, sin entender adónde quería llegar.
—Por supuesto. No me imagino en otro lugar.
—Estupendo. Entonces, si quiere seguir siendo el pro