Lo sentí besarme el cuello.
—Entonces... —cerré los ojos— siempre tendré vergüenza... para que me cojas mas duro.
Por Dios
Ni yo entendía lo que decía.
—Me provocas más así... —me volteó, dejándome debajo—. Ahora sí... como te gusta.
—¿Y qué esperas...? —murmuré, roja de la vergüenza.
—Cada vez me gustas más... —subió mi blusa y empezó a tocar mis senos
—Aahh... —Se me soltó un jadeo
Sus manos, su boca... su ritmo...
Todo volvió a perderse.
Los gemidos, el calor, el roce... el placer creciendo