—Esteban, ¡sal ya! —grité, golpeando la puerta.
—¿No estás enojada? —preguntó.
—No, no lo estoy... sal ya. —respondí, intentando abrir.
—¿Vamos a comer? —dijo, asomando la cara.
—Sí... por favor. Tengo hambre. —Añadí
Salió al fin del baño, se puso los zapatos, y bajamos a la sala.
Antes de salir, llamé a mi mamá para avisarle que iba a almorzar con Esteban.
Y nos fuimos.
Comimos. Luego salimos a pasear, comimos helado.... Risas.
La tarde se pasó demasiado rápido... como si el tiempo no quisiera