Sus palabras me atravesaron por completo.
—Es... está bien... sí le voy a terminar, pero no porque tú me lo digas. —Mi voz salió más fría de lo que esperaba, aunque por dentro seguía completamente revuelta..
—Voy a intentar creerte... —murmuró contra mi oído, rozándolo con los labios antes de morderlo suavemente.
—Esteban... ya basta. —El jadeo se me escapó sin permiso, traicionándome.
—Es que no puedo evitarlo... —susurró, deslizando sus manos hasta apretar mis muslos—. Cada vez que te veo así