Salió bien vestido, como siempre, impecable... como si nada dentro de él estuviera roto. Bajó las escaleras sin decir una sola palabra, sin siquiera mirarme.
Ese silencio... me dolió más de lo que esperaba.
Me levanté y bajé detrás de él, sintiendo cómo la incomodidad se hacía cada vez más pesada en el aire.
Sacó las llaves, abrió el portón y sacó su moto. Se quedó allí, quieto, esperando... pero no a mí. Su mirada no estaba en mi dirección, estaba perdida en otro lado, como si yo no existiera.