Ese día me llevó a casa y no le hablé por varios días más. Incluso dejé de hablar tan seguido con Manuel.
Era martes y aún no podía sacarlo de mi cabeza. Tenía tanto estrés que sentía que en cualquier momento iba a explotar. Esa carga de conciencia me estaba consumiendo poco a poco.
¿Realmente me seguía gustando Manuel?
Lo quería... sí. Pero el hecho de haberlo engañado me hacía sentir miserable, y cada vez que leía sus mensajes bonitos... me sentía aún peor conmigo misma.
Pasaron tres días más