Me quedé ahí, completamente inmóvil, observando cómo bailaban tan pegados. Mi cuerpo se estremeció sin previo aviso; una sensación helada me recorrió de pies a cabeza y terminé rígida, tiesa, incapaz de reaccionar.
El enojo empezó a crecer dentro de mí con una fuerza absurda, sólo por verlos ahí, frente a mis ojos, sonriendo, disfrutando... como si nada más existiera.
Mi respiración se volvió irregular, más rápida, más pesada. Apreté con fuerza mis dientes y empuñé las manos, aferrándome al fin