De tanto pensar, terminé dándome cuenta de que había algo que me inquietaba aún más. Una duda que no me dejaba en paz. Así que, reuniendo valor, decidí soltarlo.
—Oye... ¿y Michel? —pregunté, intentando sonar casual, pero mi voz traicionaba mi nerviosismo.
—¿Qué pasa con Michel? —respondió de inmediato, girando su cuerpo hasta quedar frente a mí, con la mirada fija en la mía.
—¿Eres bobo o te haces? —alcé las cejas, mirándolo con incredulidad—. ¿Dónde la dejaste? ¿No se supone que saliste con e