No pude evitarlo y seguí su beso, Esteban besaba exquisito, tantos años siendo su amiga y jamás había probado sus dulces labios rosas.
Esteban no paraba de besarme, con sus manos tomó mi rostro suavemente y empezó a besarme un poco más fuerte, seguido de mordiscos en mis labios como si fuese un caníbal
—Sara... ¿te das cuenta de cuánto he esperado este momento? —su voz sonaba agitada, casi un susurro, antes de volver a hundirse en mis labios con un deseo feroz.
Sentí un calor recorrer mi cuerpo