Esteban se quedó a dormir en mi casa, así que, después de medio organizar todo, subimos las escaleras y entramos a mi habitación. Se quedó en pantaloneta, se quitó la camisa sin ningún pudor, se sentó en la cama, encendió el televisor y luego se dejó caer sobre el colchón como si nada.
Yo, como siempre... me acomodé a su lado.
Mis padres le tenían demasiada confianza. Y no, no era la primera vez que dormía conmigo. Llevábamos años siendo amigos; ya era algo normal, algo que ni siquiera se cuest