•Capítulo 3•

Estaba feliz.

Pero no era una felicidad tranquila…

era de esas que se sienten inquietas, que se instalan en el pecho y no te dejan pensar con claridad.

Manuel sería mi segundo novio.

Y, aunque intentaba no ilusionarme demasiado, había algo dentro de mí que quería creer que esta vez sí iba a funcionar.

Que esta vez… no iba a terminar mal.

Cada día que pasaba, lo nuestro se sentía más fácil. Más natural. Como si todo fluyera sin esfuerzo.

Hablábamos a cada momento. Nos reíamos por cualquier cosa. Y, poco a poco, sin darme cuenta…

me fui acostumbrando a él.

A su forma de hablarme.

A la atención que me daba.

A cómo lograba hacerme sentir importante, incluso a la distancia.

Cuando me dijo que estaba pensando en ahorrar dinero para venir a verme…

algo dentro de mí se acomodó.

Como si, por primera vez en mucho tiempo, todo tuviera sentido.

Todo iba perfecto.

Llevábamos una semana de novios y aún no le había contado nada a Esteban.

No porque quisiera ocultarlo…

sino porque quería estar segura.

Segura de que esto no se iba a acabar rápido.

Segura de que no iba a ilusionarme para nada.

Segura de no quedar como una tonta.

Pasó otra semana.

Y nada cambió.

Todo seguía bien.

Incluso mejor.

Así que decidí que ya era momento de decirle.

Hablé con Esteban, y quedamos en que vendría a mi casa. También tenía algo importante que contarme.

Me arreglé un poco más de lo normal. No demasiado… pero lo suficiente como para sentirme bien conmigo misma.

Saldríamos a comer.

Como siempre.

Terminamos en la heladería Dawn.

Nuestro lugar.

El de siempre.

El que, de alguna forma, siempre terminaba siendo parte de nosotros.

Mientras esperábamos el pedido, Esteban tomó mi mano.

—Sara, quiero contarte algo.

Lo miré.

—Yo también tengo algo que contarte… pero te escucho primero.

Sonrió.

—Hay una chica que me parece muy linda… he estado hablando con ella… y me gustaría declararle mis sentimientos.

Sentí algo.

Pequeño.

Pero ahí estaba.

Un nudo.

Rápido. Inesperado.

Lo ignoré.

—Me alegra mucho que estés bien otra vez y que te guste alguien… —dije, sonriendo—. Sólo espero que esta chica sí sea buena contigo.

—Eso espero también… pero no sé cómo decirle que me gusta. ¿Tú podrías ayudarme?

Y ahí estaba.

Lo de siempre.

Él… confiando en mí.

Yo… estando para él.

Sonreí.

No pude evitar sonreír.

—Claro que sí. Siempre voy a ayudar a mi mejor amigo.

—¡Gracias, princesa! —dijo, emocionado, casi como un niño, dando un pequeño saltito.

Solté una pequeña risa.

—Yo también quería contarte algo… —dije, un poco nerviosa.

—Cuéntame, princesa. ¿Qué pasa?

Tomé aire.

Y lo dije.

—Conocí a un chico… empezamos a hablar… me gustó mucho… y yo a él… así que… ahora somos novios.

Lo miré.

Esperando.

Midiendo.

Apreté los labios, buscando algo en su reacción.

—¿De verdad? —preguntó, alzando las cejas, sorprendido.

—Sí… me gusta mucho. —respondí, mirándolo fijamente.

Por un segundo…

no supe qué pensar.

No supe qué iba a decir.  

No supe qué esperar.

Pero entonces—

—¡Me alegro mucho! Hace tanto tiempo que no tenías novio, que incluso pensé que eras lesbiana —dijo riéndose.

—¡¿Qué?! ¿Qué te pasa, Esteban? —respondí entre risas.

Pero su expresión cambió.

Y eso… sí lo reconocí.

—Sólo espero que te trate bien… que te quiera de verdad y que no te lastime —dijo ahora más serio.

—Claro que sí… se nota que es buen chico.

—Eso espero… porque si no, tendrá problemas.

Lo dijo con una seriedad que no dejaba espacio a dudas.

—Deberías presentármelo. Quiero conocerlo.

—Creo que no podrás conocerlo en persona —dije, encogiéndome de hombros.

—¿Por qué no?

—Porque no es de aquí… vive en otro país.

—Eso no es impedimento, Sara. Puedes presentármelo virtualmente, ¿no?

Reí un poco.

—Sí… pero tendrías que entrar a un en vivo de su amigo para verlo. No creo que quieras hacer todo eso.

—Sí quiero.

Lo dijo sin dudar.

Completamente serio.

Lo miré, sorprendida.

—Está bien… mañana lo hacemos.

No podía creer que realmente quisiera conocerlo.

Pero bueno…

se lo presentaría.


Al día siguiente, le envié a Esteban el en vivo del amigo de Manuel.

Estábamos hablando Manuel, otros chicos y yo… leyendo comentarios, riendo…

cuando apareció su mensaje preguntando quién era mi novio.

Manuel respondió.

Y entonces empezaron a hablar.

Para mi sorpresa…

se llevaron bien.

Así de fácil.

Sin tensión.

Sin incomodidad.

Sin nada raro.

Quedé impactada.

Pero también…

muy feliz.

Mi mejor amigo y mi novio llevándose bien era algo que no esperaba tan fácil.

Y, de alguna forma…

eso me dio tranquilidad.

Ahora sólo quedaba esperar.

Dos días.

Para ver qué pasaba con la chica que le gustaba a Esteban.


Llegó el momento.

Esteban había citado a la chica.

Y yo no iba a perderme eso.

Fuimos a la plaza.

Me senté en un restaurante cerca de donde se verían, y dejamos los celulares en llamada para poder escuchar todo.

Mi corazón latía rápido.

Más de lo normal.

Esteban estaba ahí.

Esperando.

Hasta que ella llegó.

—Hola —saludó Esteban, con las manos detrás de la espalda, ocultando el detalle.

—Hola… ¿para qué me citaste? —respondió ella, cortante.

Algo en su tono…

no me gustó.

—Quería decirte algo… —dijo él, bajando la mirada.

—Sí, dime.

—Me… me gustas mucho… —confesó, sacando los chocolates y la flor.

Hubo un silencio.

Uno incómodo.

—¿Qué? —dijo ella, frunciendo el ceño.

—Sí…

Y entonces pasó.

—¿Es en serio? ¿Crees que estaría contigo?

Le tiró las flores.

Los chocolates.

Como si no significaran nada.

—Pero…

—¡Qué ingenuo eres! ¿Crees que porque hablamos ya me gustas? ¡Ubícate, Esteban! —se burló, riéndose.

Y ahí…

algo dentro de mí explotó.

Rabia.

Pura rabia.

No lo pensé.

No lo medí.

No dudé.

Simplemente reaccioné.

Me levanté de la silla y caminé directamente hacia ella.

Y antes de que pudiera reaccionar…

le di una patada en el estómago.

Cayó al suelo.

—¡¿Qué te pasa?! ¡Loca! —gritó, agitada.

—¡¿Qué te pasa a ti?! ¡Estúpida! —respondí, sintiendo cómo la rabia me subía por todo el cuerpo.

Me lancé encima de ella.

Y empecé a golpearla.

—¡Sara! —gritó Esteban.

Pero ya no estaba escuchando.

—¡En tu vida vuelvas a hablarle así a Esteban! —grité, completamente fuera de mí.

En ese momento, ella me arañó el brazo con fuerza.

El ardor fue inmediato.

Intenso.

Pero eso…

eso sólo me hizo enfurecer más.

No me detuve.

No quise detenerme.

Sin pensarlo…

perdí el control.

Por completo.

Me incliné hacia ella y, en medio del forcejeo, terminé mordiéndole el pecho con fuerza.

—¡Aahhhh! —gritó, retorciéndose.

Las personas alrededor se quedaron mirando, impactadas.

El ambiente se volvió un caos.

—¡Sara, ya no más! —gritó Esteban, intentando separarme.

—¡Suéltame! ¡Esta puta se lo merece! —grité, forcejeando.

—¡Ya es suficiente, Sara! ¡Nos vamos!

Y entonces…

todo se detuvo.

Porque me levantó.

Literalmente.

Me cargó sobre sus hombros mientras se alejaba del lugar.

Sentía las miradas.

El murmullo.

El escándalo.

Todo el mundo viendo.

Y entonces…

me reí.

—Jajajajaja…

Sí.

Como una loca.

Sin control.

Sin filtro.

—Sara… ¿estás bien? Te está sangrando el brazo —dijo, preocupado.

—Estoy más que bien… —respondí entre risas—. Ella está mucho peor que yo.

Y en ese momento…

lo supe.

Había perdido completamente el control.

Y lo peor de todo…

es que no me arrepentía.

Ni un poco.

Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App