- ¡MAMI! -gritó Almendra al entrar corriendo en la habitación donde se encontraba Amelia.
- ¡Hola, cariño! ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? -preguntó Amelia al ver a la pequeña Almendra aproximarse a ella.
- ¡Mami! ¿Qué te pasó? ¿Por qué tienes eso en la cabeza?
- ¡Oh! ¿Esto? No es nada, cariño, me resbalé, pero afortunadamente todo está bien… -dijo Amelia minimizando lo ocurrido.
- ¡Mami! Ya preguntó papá y le dijeron que ya puedes irte, todo está bien, vamos a casa, ahí me acurrucaré contigo y te cuidaré. -dijo la niña inocentemente.
Amelia se quitó la sábana y comenzaba a intentar bajar de la camilla, Luciano, al verla, la cargó y la colocó en una silla de ruedas.
Aquella joven mujer no entendía sus acciones, pues el hombre no decía una sola palabra, solo se limitaba a hacer las cosas que se esperaban que hiciera.
- Mami, ¿Por qué caíste? ¿Qué pasó? -preguntó Almendra con curiosidad.
- Estaba distraída, cariño, pero ya todo está mejor. -dijo Amelia tratando de sonar calmada.
- Hmm te