Tras ver unos minutos más, se despejó de aquellas telarañas y cuidadosamente se levantó, se arregló y, sin decir a nadie, se marchó.
Luciano sabía que lo que había ocurrido ayer no había sido algo al azar, no es que fuera un alcohólico, pero se conocía y no podía perderse con unos cuantos tragos, al menos no al grado de reaccionar al estar en el apartamento de Barbara.
- Julio, llévame al hospital y necesito que me ayudes con algo. -dijo Luciano tan pronto subió a su camioneta.
- Dígame, seño