Amelia no vio venir aquella acción, no esperaba que esta discusión en la que prácticamente estaba dando por terminado todo, diera un giro de esta magnitud.
No lo quería aceptar, pero al sentir cómo ese hombre se apoderaba de su boca, todo el dolor y rabia se estaba esfumando.
Ella quería rechazarlo, pero por alguna razón, al mismo tiempo lo deseaba, deseaba que esto sucediera, deseaba que la buscara y arreglaran las cosas, lo vivido en Italia le decía que debajo de aquel frío hombre había alguien que podía amar.
- Amelia… -dijo el hombre al soltar sus labios. - ¡Perdóname! Sé que soy un completo idiota y sí, yo te he arrastrado a esto, yo fui quien te atrajo a esta vida, yo fui quien decidió que todo esto sucediera y créeme, no me gusta, no me siento cómodo y no es por ti, es por mi…
Aquella mujer no sabía a qué se refería, no entendía qué significaban aquellas acciones y palabras, es más, no esperaba que él fuese a buscarla, pues era claro que ese hombre podía ser un témpano de hi