Luciano no pudo evitar sentir una punzada en el pecho al escuchar aquellas palabras y al ver la mirada que ella le dirigía, la cual, se percató de que, no era para nada, la misma que en días pasados le había dirigido.
Nada de lo que él había visto en ella en los días en Italia, quedaba aún ahí, solo podía ver el dolor que le estaba causando y no sabía cómo remediarlo, al menos no, sin sentir culpa o sentir algo que no podía explicarse.
Amelia intentó levantarse con la firme decisión de pasar la noche en la habitación de Almendra, pues imaginaba que Luciano no querría llevar el drama a la habitación de su hija; sin embargo, antes de que ella pudiera poner un pie debajo de la cama, Luciano subió a la cama y la tomó, aprisionándola entre el colchón y su cuerpo.
- ¡Me vas a escuchar! Ya escuché todo lo que dijiste, ahora tú harás lo mismo… -dijo el hombre mirándola a los ojos y sosteniéndole ambas manos.
Él no podía negar que algo dentro de sí mismo, se movió al ver los ojos inflamados y r