Luciano no pudo evitar sentir una punzada en el pecho al escuchar aquellas palabras y al ver la mirada que ella le dirigía, la cual, se percató de que, no era para nada, la misma que en días pasados le había dirigido.
Nada de lo que él había visto en ella en los días en Italia, quedaba aún ahí, solo podía ver el dolor que le estaba causando y no sabía cómo remediarlo, al menos no, sin sentir culpa o sentir algo que no podía explicarse.
Amelia intentó levantarse con la firme decisión de pasar la