Luciano y Teresa se despiertan ante aquel grito lleno de dolor. El hombre siente que todo se mueve, no está seguro de lo que escuchó, cree que todo puede ser parte de su borrachera, pero nota algo extraño.
Amelia, la mujer que duerme a su lado y lo acompaña por las noches, no está. Se incorpora de golpe y no la ve por ningún lugar, ahí es cuando logra escuchar el llanto desesperado de aquella mujer, el cual proviene desde afuera.
Rápidamente se levanta y ve a Amelia en el césped junto a Teresa, quien está intentando calmarla.
- ¡Señora! ¡Señora! ¡Cálmese! ¡Tranquila! ¡Tranquila! -dice Teresa, que ha llegado con una manta y la intenta consolar y tranquilizar.
- ¡No paran! ¡No paran! ¡Haz que pare! ¡Haz que se detenga! ¡Quiero que se calle! ¡CALLA A ESA MALDITA MUJER! -dice Amelia golpeándose la cabeza con las manos.
Luciano sintió que todo el alcohol que llevaba se había esfumado y, sin dudarlo, bajó corriendo hacia el jardín. Al ver cómo Teresa luchaba por contener a Amelia, se acercó