Amelia sintió un enorme hueco en el pecho al oler aquel perfume, estuvo a punto de levantarse e irse, pero cuando lo intentó, el pesado brazo de Luciano la rodeo por la cintura y la obligo a permanecer ahí.
Tras aquella acción, ella se quedó ahí, pensando hasta dónde llegaba su matrimonio falso, ¿Acaso este hombre podría ir y hacer lo que quisiera? Sabía que esto era falso, pero, también estaba claro que, con los días que fueron pasando, la delgada línea entre la verdad y la mentira se había ido