Ángela iba mesa por mesa presentando a su prácticamente cuñada-nuera. La mujer se notaba feliz y orgullosa de que su hijo-hermano estuviera tomando las riendas de su vida por fin.
Además, no podía negar que el entusiasmo con el que Almendra la había presentado no pasó desapercibido por nadie.
- ¿Ángela? Creo que yo debería ser quien la presente, ¿no lo crees? -dijo Luciano tomando la mano de Amelia.
Amelia estaba aturdida, pues entre tantas personas, tantos nombres, el idioma, los nervios, se sentía mareada de tanto, pero no podía flaquear, ya estaba ahí y haría su mejor esfuerzo.
Luciano, por su lado, al tomar la mano de Amelia, pudo sentir que esta sudaba como si recién se hubiese lavado las manos. Él definitivamente, entendió que necesitaba rescatarla y darle un momento para que pudiese respirar.
- Bueno, pues en vista de que te pones a platicar, alguien tenía que mostrarse educado en esta familia y presentarla, ¿no lo crees?
- Sí, por eso ya vine aquí…
- ¡No te molestes, cariño! So