Tras presentar a Amelia con su tío, Luciano sintió que ya había sido mucho para ella, así que decidió ir a ver dónde estaba su hija, aprovechando para darle un respiro a su esposa.
- ¿Todo bien? -preguntó Luciano caminando por el prado.
- ¡Eh! Sí, sí, todo bien, ¿por qué preguntas?
- Bueno, lo siento en el temblor de tus manos, lo veo en el miedo en tus ojos…
- Es… Es solo que… Bueno, imaginaba otro tipo de cosas, tu familia es muy cálida, Ángela es una extraordinaria mujer. Tu padre, tu tío y, bueno, honestamente, no sé a cuántos más me presentó Ángela, soy mala para los nombres…
- ¡Tranquila! No necesitas aprenderte el nombre de todos los aquí presentes, muchos de ellos solo los veo una vez al año…
- ¿Por qué no frecuentas a tu familia?
- Hmm… Bueno, pues… Digamos que… Hay muchas cosas por las que no soy muy unido a ellos…
- ¿Cómo cuales?
- Hmm… Ya habrá tiempo de contarte después, ahora, mira, ya estamos en este lugar solos, no hay nadie y tú necesitas relajarte… -dijo Luciano acari