Al llegar la tarde noche, Luciano llegó a casa, se notaba cansado y somnoliento; sin embargo, aun con ello, al llegar inmediatamente busco a su hija, la cual descansaba luego del tratamiento de hoy.
El hombre la miraba y casi se preguntaba los mismo que Amelia, ¿Acaso no había otra manera?
El médico de Almendra le había recomendado el tratamiento menos agresivo para su hija, lo había aceptado de la mejor manera, pero, aun con ello, la pequeña, terminaba agotada luego de las visitas al hospital.
- Papito… ¡Llegaste…! -dijo Almendra con voz suave y somnolienta.
- Sí, corazón, aquí estoy, descansa pequeña, descansa…
- ¡No, no! ¡vamos a cenar! ¡viniste temprano para ir a cenar!
- ¡Tranquila! Podemos hacerlo mañana que estes mucho mejor, yo quiero que duermas y reposes, ¿de acuerdo?
- Es… Esta bien, papi… Mami debe estarte esperando, puedes cenar con ella, hoy…
- Sí, mi cielo, tu tranquila… -dijo Luciano arropando a su pequeña, besándole la frente y saliendo de ahí.
La enfermedad de su hija