- ¿CÓMO DEMONIOS ME PIDEN QUE ME CALME? ¿CÓMO CARAJOS? ¡MI PUTA FAMILIA ESTÁ EN LA QUIEBRA Y APENAS Y PUEDEN MANTENERSE EN PIE! -gritó Edgar molesto.
- Señor, su abuelo me ha pedido que lo mantenga aquí, ellos trabajan para hacerlo regresar, pero… ¡No vaya a cometer una estupidez! Ellos sabrán cuándo debe regresar, ese tal D’Angelo es una persona de cuidado y lo anda buscando, más cuando la mujer que lastimó es su esposa. -dijo Jacinto soportando un nuevo arranque de Edgar.
- ¡AMELIA NO ES SU PUTA ESPOSA! ¡ELLA ES MIAAAA! -gritó Edgar con frustración.
- ¡Señor, cálmese! Debe recordar, su esposa es la señora Marcos, ella sí es su mujer, la señora Torres fue su esposa, ya no más. -dijo Jacinto tratando de mantener la calma y recordándole a este hombre quién era quién.
- ¡ME IMPORTA UNA M****A! ¡AMELIA ES MÍA! ¡MÍA! ¡Escuchaste! ¡Ella… ¡Ella debe verme! ¡Ella debe saber que no quería hacerle daño! ¡Ella no pudo casarse con ese tal Luciano, ese maldito! ¡NOS ENGAÑÓ! ¡PERO TE JURO QUE LO VO