Conforme pasaban los días, Amelia poco a poco iba recuperándose y sí, tal como lo dijo Almendra, ella estaba al pendiente de todo lo que su “mamá” pidiera, incluso, la niña se esmeraba por alimentar a su madre en la boca como ella en ocasiones lo hacía en el pasado.
- Mami, oye, ¿te puedo preguntar algo?
Para Amelia aún se le hacía un tanto complicado aceptar que Almendra la llamase así, pues aún no asimilaba todo lo que sucedía. Primero la pérdida de su hija ahora era madre de una niña que, si bien era un encanto, no era suya.
- ¿Qué sucede, cariño?
- ¿Qué te vas a poner en la boda del tío Pietro? ¡Quiero que vayamos vestidas iguales, para que todos sepan que eres mi mami! -dijo Almendra sacando un tema que ella desconocía.
- ¿Cómo? ¿Boda? -preguntó Amelia sorprendida.
- Sí, el tío de papá se casa en un mes, él me dijo, vamos a ir… ¡Debemos ir! ¡Por fin, voy a ver a mis abuelitos! ¡Los extraño! También extraño a la tía Paloma, al tío Aldo y a mi primita Isabela… -dijo la niña listando