—¿Cómo vas?
—Bien, bien, ya casi termino… —dijo Paolo quitándose los lentes con cansancio.
—¿Quieres cenar algo? —preguntó Vania al ver que el hombre llevaba todo el día metido en el estudio.
—No, la verdad es que estoy más cansado que hambriento.
—Hmm…
—¿Cómo está Felicitas? —preguntó el joven cerrando los ojos y masajeándose el puente de la nariz.
Vania sonrió y dijo:
—Bien, ella está dormida, ya es tarde, tú deberías hacer lo mismo.
—Sí, pero aún no termino; estas órdenes deben entregarse mañ