La noche no fue ni larga ni corta; la mañana los alcanzó al tiempo que juntos cayeron rendidos ante el cansancio producido por todo lo sucedido en aquellas cortas horas.
Amelia sentía un inmenso cansancio y sueño, tanto así que solo cerró los ojos y no los volvió a abrir hasta que ya pasaba de medio día.
—¡Amelia! ¡Mi vida! Ya es hora de levantarse, ¿no tienes hambre? ¿Quieres que pida servicio en la habitación?
—Dios… Preferiría no tener que levantarme…
Ella pudo escuchar cómo Luciano sonrió, o