Luciano estaba encerrado en el estudio que por años había sido de Marco, luego de Pietro y ahora de él; revisaba puntualmente “ciertos asuntos” cuando de pronto, su móvil vibró. Al ver el número no registrado, por un momento titubeó, estuvo a punto de no contestar, pero los dígitos se le hicieron conocidos.
Miró el número por unos segundos hasta que la llamada se perdió; casi de inmediato decidió devolver la llamada.
—Sí… —dijo Luciano imaginando quién había llamado.
—Luciano… —Se escuchó la