Luego de 4 largos días de camino, Luciano, Amelia y Olaf, finalmente, podían ver los enormes prados que Pienza les ofrecía.
Aquel bello lugar captó inmediatamente la atención de Amelia, quien en su vida hubiera imaginado conocer lugares como los vistos durante el viaje.
Pienza parecía detenida en el tiempo: sus calles estrechas de piedra, sus balcones con macetas con coloridas flores; luego estaban las colinas suaves con caminos adornados de cipreses y viñedos que se podían ver hasta más allá de