Una tarde de tantas, Laura, ya familiarizada con el lugar, caminó a paso lento pero seguro desde su habitación hacia el jardín. El trayecto no fue largo, pero sí era suficiente. Adrien, al verla, no sonrió, solo asintió dando a entender que estaba feliz con su progreso.
—Ya no me necesitas —dijo él al acercarse.
Laura lo miró, confundida.
—Yo creo que sí, aún te necesito, solo fueron algunos pasos.
—Y son bastantes, lo cual es muy bueno.
Luego de ello, ambos sonrieron y miraron cómo su pequeña